domingo, 1 de abril de 2018

Año 10. Mes 4. Nacho Vega. Negro carbón o aire puro: La crisis de identidad asturiana


Negro carbón o aire puro: La crisis de identidad asturiana


Esta región es naturalmente rica en frutos y en ganados, así como en oro, plata y
muchos otros metales.

Estrabón (Geografía, III, 154)

Asturias, verde de montes
y negra de minerales

Pedro Garfias (Asturias)

Asturias no es una región fácil de comprender. Temo que ni siquiera los asturianos la comprendemos del todo, y por eso llevamos unas décadas dando palos de ciego, en lo que a desarrollo regional se refiere. En Asturias se encuentran muchas riquezas, pero parece ser una región depauperada. Llegó al fin de la segunda mitad del siglo XX siendo una región industrial en decadencia. La minería local ya no podía competir con la globalizada, y lo mismo sucedía con otros elementos del sector industrial, que dejaron de tener, ya desde la década de 1980, la enorme importancia que habían alcanzado en el pasado. Es decir, las cosas empezaron a cambiar para Asturias.

Veamos brevemente algunas cifras:
La caída de la industria, principalmente siderúrgica, y de otros representantes regionales del sector secundario, como los astilleros, ha provocado un crecimiento significativo del sector servicios, que siempre ha sido el principal de la región. Si prestamos atención al Valor añadido Bruto al coste de los factores de Asturias, vemos que en 1968 la industria suponía el 39,12%, la agricultura y pesca el 13,01%, y los servicios el 41,06%. (fuente: SADEI. TIOA de varios años y La Renta de los Municipios Asturianos, 1998). En 2016, el sector industrial respondía del 21,22% regional, mientras que agricultura y pesca suponían apenas un 1,56%, y el sector servicios se encumbraba con un 70,46%. (fuente: IDEPA )

Es decir, Asturias ha pasado en cincuenta años de ser una región que sobrevivía gracias a los servicios y la industria, a estar decididamente terciarizada. Y muchos no comprenden la importancia de este cambio. Una región que vive de los servicios debe primar el cuidado y desarrollo de los mismos. Quienes consumen en Asturias, y hablo tanto de los clientes internos como de quienes nos visitan de otras regiones de España o ese ya no tan desconocido “extranjero”, buscan principalmente calidad, precio y autenticidad. Y ahí es donde aparece el problema de la identidad asturiana.

En este mundo nuestro de posverdades (fuente: definición posverdad) no es suficiente con “ser algo”, sino que debemos, por imperativo social, contar una historia que refleje esa realidad y la haga accesible a otras personas. De no hacerse así, esa realidad, sencillamente, no existe, o su influencia pública se ve enormemente disminuida.

¿Qué historia cuenta (contamos de) Asturias? ¿La de las huelgas de mineros? ¿La de las vacas felices que dan leche de buena calidad? ¿La del Principado de una niña madrileña? ¿O quizás alguna de las que ahora están menos en boga, como, por ejemplo, la de la bandera de del chico ese que ya no llega primero cuando corre con su coche, o la del médico de la televisión que hizo llegar bienvenidas hordas de turistas buscando en Lastres un pueblo de ficción?

Asturias cuenta muchas historias a la vez, pero ninguna ha llegado a alzarse sobre las demás. La que quizás esté ganando fuerza, a base de acertado empeño institucional, es la de “Asturias, Paraíso Natural”, que va por el buen camino, a pesar de ser bastante egocéntrica y manifestar un cierto delirio de grandeza oficial que luego, creo, no se nota tanto a pie de chigre. En mi opinión, Asturias tiene solo una riqueza en estos momentos: su naturaleza.

Cuando Feijoo y Jovellanos se quejaban ya en el siglo XVIII de la incomunicación entre Asturias y la meseta, estaban describiendo una situación que continúa hasta nuestros días. Y esta separación, causada principalmente por la complejidad orográfica del territorio asturiano, junto con la climatología, es un mal causante de nuestro aislacionismo. Pero este mal ha permitido que la región llegue hasta nuestros días con tantos bosques relativamente frondosos, valles relativamente verdes, ríos relativamente limpios, costas relativamente azules y montañas relativamente blancas. Digo relativamente porque los niveles de contaminación que se están alcanzando en la región son más que alarmantes.

Si seguimos pensando como una región industrial o, aún más importante, si no hacemos nada cuando un grupo de plutócratas inmorales tratan de ganar aún más millones a costa de la salud de nuestra región, hipotecamos nuestro futuro. Si permitimos la normalización del aire contaminado en ciertas zonas de Asturias, echándole la culpa a la falta de lluvias (que antes, quizás, servían para atemperar los síntomas), elegimos una identidad asturiana anclada en el pasado que no beneficia a la mayor parte de la población asturiana (ni a su flora, ni a su fauna).

Si no luchamos por mantener, al menos, nuestros recursos naturales; si no sacamos partido a las energías renovables que tan a mano tenemos; si no cuidamos la sostenibilidad de los servicios que ofrecemos (los productos que vendemos, la calidad regional que pregonamos); si no nos esforzamos por dar alas a esa posverdad, en este caso, verdadera de la Asturias Natural, malgastamos la verdadera riqueza y las posibilidades de desarrollo de esta región.

No se trata de detener el avance tecnológico, ni el crecimiento de las ciudades, tampoco se trata de volvernos tradicionales y olvidar los logros alcanzados y las promesas del futuro… sino de avanzar con cabeza, pensando en las opciones que están a nuestra disposición.

Al mismo tiempo que mayamos sidra de mayor calidad, atendiendo al origen de la manzana, impulsemos los estudios científicos sobre las peculiaridades de nuestra biosfera. Mientras mantenemos, de manera respetuosa con el entorno, rutas de montaña o caminos para practicar senderismo, analicemos los patrones de migración y asentamiento de los diferentes grupos poblacionales que han pasado por Asturias, desde la Prehistoria hasta ahora. Cuando mejoramos el hábitat del oso pardo, y buscamos su supervivencia en las montañas, asegurémonos también de que los humanos que viven en ellas puedan disfrutar de nuevas tecnologías que, de manera no invasiva, les permitan estar en contacto con el resto del mundo.
Hagamos que Asturias una región que, aunque en el pasado fue minera e industrial, ahora sea, principalmente, una reserva natural en la que convivan seres humanos y animales, civilización y naturaleza, desarrollo técnico y tradición actualizada.

Démosle a Asturias una identidad de futuro. Contémonos una historia, real, de Asturias que tenga un final feliz.


Invitado: Nacho Vega
  




#10añosperseverando

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